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Mientras los niños avanzan en su crecimiento, se van presentando elementos relacionados con el lenguaje, la comunicación y el pensamiento.

El lenguaje tiene dos etapas: la comprensión  y la expresión. Ambas están estrechamente relacionadas.

Los niños adquieren primero un lenguaje comprensivo, que resulta de su interacción  con su entorno y requiere de un buen nivel de audición, de discriminación y unión de significados del lenguaje. La audición adecuada permite rápidamente incluir al niño dentro de un vocabulario  familiar que generará herramientas que el pequeño comenzará a utilizar como forma de comunicación.

Los seis primeros años son fundamentales y oportunos para desarrollar las habilidades lingüísticas como una estructura en la que interviene el sistema cerebral (corteza cerebral)  para codificar determinada lengua.

Podemos decir, de una manera simple que, el niño escucha, observa e interactúa con el medio ambiente y si resulta una retroalimentación satisfactoria para el niño, este comenzará a utilizar repetidamente sus aprendizajes y así, irá enriqueciendo su repertorio. Entendiendo esto, la interacción con el medio ambiente es fundamental para producir unas respuestas de lengua determinantes para que la comprensión y la expresión cumplan su función y se establezcan respuestas de lenguaje y pensamiento ligadas íntimamente.

El lenguaje va escalando unos niveles en cuyo inicio se encuentra lo que llamamos “la madresía”o lenguaje materno, que es el registro específico con el que la mamá habla instintivamente a su pequeño. Esta madresía va teniendo grados de complejidad a medida que el niño crece, pero lo fundamental es entender como ésta, es determinante en la adquisición del lenguaje. Los niños aprenden entonces dentro de un lenguaje familiar inicial, utilizando primero el modelo de la madre y luego adquiriendo experiencias con el entorno.

 

Un ambiente de experiencias concretas, con un modelo de lengua adecuado, en un contexto comprensible  con un maestro como guía (los padres también son maestros), será una fuente deseable para estructurar el lenguaje y el aprendizaje simultáneamente.

Junto con la madresía se unen otros niveles o componentes del lenguaje como son la fonética (sonidos del lenguaje), la praxis o pragmática(uso del lenguaje), y la semántica(significado del lenguaje), con los cuales el conocimiento, el lenguaje y las relaciones interpersonales establecen una comunicación con estructura y lista para recibir otros códigos de lengua.

Aunque la tendencia de inculcar a los niños, desde edades muy tempranas, otros idiomas, debemos reconocer y respetar los procesos que el lenguaje debe cumplir como requisito para la comprensión, expresión e interacción del mismo. En ocasiones, los niños en edad escolar no fallan en cumplir los logros establecidos por una materia específica, es posible que la estructura base de su lengua no se haya establecido de manera adecuada y un segundo código de lenguaje tampoco logra estructurarse ordenadamente, ocasionando frustraciones innecesarias para el estudiante.

 

Desde edades tempranas el cerebro humano está dispuesto a los aprendizajes diversos, eso es correcto, pero debemos ser conscientes de la manera como se involucran las experiencias prudentemente y dentro de un esquema evolutivo equiparado. Así que, hablar de lenguaje y aprendizaje es cosa seria.

 

 

 

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